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A Igreja, como uma cidade invadida pelo inimigo: L’Osservatore Romano ataca os católicos.

Chama a atenção que em pleno pontificado da misericórdia, da ternura e da integração, a voz oficial do Bispo de Roma ataque indiscriminadamente quem não pauta seu comportamento segundo o pensamento único que deseja-se impor. Esta situação nos lembra a “intolerância dos tolerantes” tantas vezes denunciada pelo Sr. Dr. Plinio Corrêa de Oliveira. E, ao que parece, ela só acaba de começar a se manifestar naquilo que outrora chamávamos de Igreja…


L’Osservatore Romano arremete contra los católicos ‘fundamentalistas’

En un artículo conjunto con el jesuita Antonio Spadaro, Marcelo Figueroa sostiene que existe un “ecumenismo de odio” entre “evangélicos fundamentalistas” y “católicos integristas” en Estados Unidos. 

El director de La Civiltà Cattolica, el jesuita Antonio Spadaro, y el director de la edición argentina de L’Osservatore Romano, el protestante Marcelo Figueroa, han publicado un artículo conjunto en el que arremeten contra lo que consideran un “ecumenismo de odio” entre “evangélicos fundamentalistas” y “católicos integristas” en Estados Unidos.

“Apelando a los valores del fundamentalismo, se está desarrollando una extraña forma de ecumenismo entre los fundamentalistas evangélicos y los integristas católicos, unidos por el mismo deseo de influencia religiosa en la esfera política”, aseguran los dos autores en el texto publicado por La Civiltà Cattolica del que se ha hecho eco el diario oficial de la Santa Sede L’ Osservatore Romano.

Spadaro y Figueroa sostienen que existe una “convergencia ecuménica” entre sectores que comparten objetivos “en torno a temas como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la educación religiosa en las escuelas y otros asuntos generalmente considerados morales o ligados a los valores.”

“Los integristas evangélicos y católicos condenan el ecumenismo tradicional y, sin embargo, promueven un ecumenismo de conflicto que los une en el sueño nostálgico de un estado teocrático”, afirman los autores de este artículo, al tiempo que acusan a este “ecumenismo” de poseer una visión “xenófoba e islamofóbica”. “La palabra “ecumenismo” se transforma en una paradoja, en un ‘ecumenismo del odio’”, apuntan.

El artículo señala al Pastor Rousas John Rushdoony como el padre de la llamada “reconstrucción cristiana” (o “teología dominionista”) y gran influencia de la visión teopolítica del fundamentalismo cristiano.

“Esta es la doctrina que alimenta organizaciones y redes políticas como el Consejo para la Política Nacional y los pensamientos de sus exponentes como Steve Bannon, actualmente estratega jefe de la Casa Blanca y partidario de una geopolítica apocalíptica”, se subraya en el texto. Según los autores del artículo, la doctrina de Rushdoony pretende “someter el Estado a la Biblia con una lógica que no es diferente de la que inspira el fundamentalismo islámico”.

Además de señalar a políticos como Donald Trump o asesores como Steve Bannon, los directores de dos importantes medios cercanos al Vaticano también ponen en el punto de mira al portal estadounidense Church Militant del que aseguran que “está a favor de un ultraconservadurismo político” y “usa símbolos cristianos para imponerse”.


Los consejeros del Papa vituperan a los cristianos americanos

CNS / Paul Haring

“Las generalizaciones indiscriminadas de Spadaro y Figueroa son preocupantes y denotan el nivel que tienen los consejos que recibe el Papa Francisco de sus asesores más cercanos”, asegura Thomas Williams en un artículo para el portal estadounidense Breitbart en el que responde a las afirmaciones del director de La Civiltà Cattolica y del responsable de la edición argentina de L’Osservatore Romano.

THOMAS D. WILLIAMS, PH.D. / Breitbart -En un peculiar y farragoso ensayo, el consejero del Papa, el padre Antonio Spadaro SJ, ha caricaturizado a los evangélicos sureños y blancos y a los católicos americanos conservadores tachándolos de fanáticos ignorantes, teocráticos, maniqueos y belicistas que esperan con ansia el Apocalipsis.

Son “estos grupos religiosos formados principalmente por blancos del Sur profundo de los Estados Unidos” los que impulsan los conflictos y justifican la belicosidad basándose en el Antiguo Testamento, “en lugar de ser guiados por la mirada penetrante y llena de amor del Jesús de los Evangelios”.

El artículo ha sido publicado tanto en italiano como en inglés en el periódico controlado por el Vaticano, La Civiltà Cattolica, del que el padre Spadaro es editor jefe. En dicho artículo el jesuita escribe que los evangélicos y católicos americanos están metidos en “un ecumenismo del conflicto”, cuyo objetivo es llevar adelante “un estado de tipo teocrático”.

Para la redacción de este ensayo Spadaro, amigo y consejero del Papa Francisco, recibió la ayuda del ministro presbiteriano y argentino, Marcelo Figueroa, viejo amigo del Papa que fue escogido con lupa por el Pontífice como editor jefe de la edición argentina del periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano.

El artículo advierte que los cristianos conservadores están motivados, en última instancia, por “el deseo de tener alguna influencia en la esfera política y parlamentaria y en los ámbitos jurídico y educativo para, así, someter las leyes públicas a la moral religiosa”.

Pero, ¿realmente es así? La historia que, desde 2011, domina en los EE.UU. los debates sobre la libertad religiosa es la de las Hermanitas de los Pobres, un grupo de monjas católicas que fue hostigada por la administración Obama bajo el mandato del Departamento de Salud y Servicios Sociales en relación a la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible [conocido también como Obamacare, ndt], hasta el punto de llegar incluso al Tribunal Supremo. ¿Realmente Spadaro y Figueroa creen que las Hermanitas están luchando para tener “algo de influencia en la esfera política y parlamentaria” en lugar de, sencillamente, poder vivir según sus creencias religiosas?

Las generalizaciones indiscriminadas de Spadaro y Figueroa, como su evidente falta de familiaridad con el complejo panorama religioso de los Estados Unidos, es preocupante y denota el nivel que tienen los consejos que recibe el Papa Francisco de sus asesores más cercanos.

Los Estados Unidos es uno de los países religiosamente más diverso y pluralista del mundo, mucho más que cualquier nación europea, algo que los autores lamentablemente parecen ignorar. Los cristianos son más del 70% de la población, y aunque el grupo más grande está formado por las personas pertenecientes a la Iglesia Católica Romana, hay literalmente cientos de denominaciones cristianas, además del amplio mundo de cristianos sin denominación.

Es más: Spadaro y Figueroa describen la influencia de la religión en la vida pública americana como un fenómeno reciente y no hay nada más lejos de la realidad. Escriben que la tendencia americana de ver el mundo en términos de bueno y malo y de mezclar “política, moral y religión” se remonta a comienzos del siglo XX, cuando se publicaron los doce volúmenes de Lyman Stewart, The Fundamentals. Si bien esta obra dio efectivamente el nombre al fundamentalismo cristiano en América, no fue tan influyente como los autores parecen pensar.

Fue el francés Alexis de Tocqueville, tal vez el mayor comentarista de todos los tiempos en lo que respecta a la religión en América, el que en la primera mitad del siglo XIX se maravilló por el papel único que la religión tenía en esta joven nación, tan distinto al que tenía en su nativa Europa. A pesar de la fecha en que fue escrita esta obra, describe de una manera acertada el lugar histórico que la religión ocupa en la sociedad americana, y su vibrante y permanente interacción con la política y la moralidad pública.

En su monumental clásico de 1835, Democracy in America, Tocqueville observó: “Desde mi llegada a los Estados Unidos lo que más me ha asombrado es la faceta religiosa del país; y a medida que pasa el tiempo, más me percato de las grandes consecuencias políticas, resultado de este nuevo estado de cosas”.

Y en uno de sus más famosos pasajes de la misma obra, el francés describe lo que él cree ser la fuente de la “grandeza” (el término es suyo) de América.

Busqué la grandeza y la genialidad de América en sus amplios puertos y anchos ríos – y no estaban allí . . . en sus fértiles tierras y en sus ilimitados bosques y no estaban allí . . . en sus ricas minas y en su vasto comercio – y no estaban allí . . . en su Congreso democrático y en su inigualable Constitución – y no estaban allí. Hasta que entré en las iglesias de América y oí sus púlpitos encendidos con la virtud no entendí el secreto de su genialidad y poder. América es grande porque es buena; y si América deja de ser buena, dejará de ser grande.

La razón de esto, argumenta Tocqueville, es el resultado de la íntima interacción entre los principios morales y la fe religiosa unidos a la necesidad de una ciudadanía virtuosa en un estado democrático. “Los amantes de la libertad”, dijo, “deberían apresurarse y llamar a la religión para que acuda en su ayuda, porque deben saber que no se puede establecer el reino de la libertad sin el de las buenas costumbres y éstas no pueden fundarse firmemente sin las creencias”.

El deseo de los americanos de incluir su fe cuando toman decisiones éticas no debe confundirse con los hombres de paja retratados por Spadaro y Figueroa y que desean un estado confesional y teocrático. Es precisamente el sano secularismo de los Estados Unidos y el rechazo por parte de los Padres Fundadores de establecer un estado religioso lo que permitió a la fe tener un papel tan importante en la vida pública.

En el viaje que le llevaba a Washington DC en 2008, el Papa Benedicto XVI les dijo a los periodistas que estaba “fascinado” por el hecho que los Padres Fundadores habían creado intencionadamente un estado secular, no porque sintieran hostilidad hacia la religión, sino por el respeto que sentían hacia ella y porque comprendieron que sólo en total libertad puede vivirse la religión de manera auténtica.

Más tarde durante este mismo viaje, Benedicto observó con aprobaciónque, históricamente, los americanos “no dudan en utilizar argumentos morales arraigados en la fe bíblica en el discurso público”. Y cuando volvió a Italia, el Papa habló de América como un modelo de “sano secularismo”. La describió como una sociedad “en la que la dimensión religiosa, con su diversidad de expresiones, no sólo es tolerada sino que también es apreciada como el ‘alma’ de la nación y como garantía fundamental de los derechos y deberes humanos”.

Mostrarse en desacuerdo con esta singular autocomprensión religiosa, como hacen Spadaro y Figueroa, es mostrarse en desacuerdo con los Estados Unidos en sí mismos. Desde luego, aunque los dos hombres tienen la libertad de hacerlo, deberían ser conscientes que este descarado anti-americanismo no hará que tengan muchos amigos y manchará cualquier otro buen trabajo que elijan hacer. Es obvio que lo que buscaban era aprovechar esta crítica sesgada para atacar al Presidente Trump y a su estratega jefe Steve Bannon; pero al final han acabado atacando a la propia América.

De hecho, después de insultar a los evangélicos americanos, Spadaro y Figueroa continúan y atacan a quienes “profesan ser católicos” pero se expresan de manera “muy cercana a como lo hacen los evangélicos”.

“Son definidos como votantes de valor en lo que se refiere a atraer el apoyo de la masa electoral”, siguen los autores, y comparten una peligrosa “convergencia ecuménica” con los evangélicos en lo que atañe a objetivos compartidos “en temas como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la educación religiosa en las escuelas y otras cuestiones generalmente consideradas morales o vinculadas a los valores”.

Uno sólo puede preguntarse en qué estaban pensando los autores cuando escribían estas expresiones, visto que el propio Papa Francisco ha intervenido repetidamente sobre cada una de estas cuestiones, insistiendo que el derecho a la vida y la naturaleza del matrimonio entre el hombre y la mujer no son sólo una cuestión religiosa, sino que deben ser consagrados por la ley.

“Es tan grande el valor de una vida humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida”, escribió el año pasado en una carta magisterial sobre el matrimonio y la familia llamada Amoris Laetitia.

En una extraña ironía, los autores despotrican contra quienes confunden los ámbitos político y religioso y lo hacen con su innegable diatriba política y, desde luego, profundamente tendenciosa.

Es un misterio que se haya podido publicar algo tan pueril, fanático y tendencioso en lo que antes se consideraba una publicación académica muy seria.

Si al hacerlo los autores piensan que están actuando como constructores de puentes, por usar unas de las imágenes favoritas del Papa, lo que realmente están haciendo es equivocarse. Han alzado un muro de prejuicio y de sesgada estrechez mental que es imposible escalar.

(Artículo publicado originalmente en Breitbart. Traducción de Helena Faccia Serrano para InfoVaticana)


Fonte: INFOVATICANA

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